martes, 24 de agosto de 2010
"Para terminar con el juicio de Dios"
pah ertin
tara
tara bulla
rara bulla
ra para hutin
Hacia lo poh ertsin esto se estrecha
sobragudo putinah y se estrangula
punzante ke tula
o ki tu la esto
o kana dalin descansa
o skifar
janentsi metera
a metera
merentsi
a mruta mutela
marutela
a mruta mertsi
Al que le duelen los huesos como a mi
sólo tiene que pensar en mi
no me alcanzará en espíritu por el camino
de los espacios
¿de qué sirve unirse con un ser en espíritu
si no nos unimos en el cuerpo?
Reunirse con un ser en espíritu
es alejarse aún más de alcanzarlo en cuerpo
algún día.
Pero al que le duelen los huesos como a mí
y que piensa en mí intensamente
no ve
qué casa cae,
qué árbol arde
en su camino
sin embargo la casa cae,
y el árbol arde
y un día él se dará cuenta;
al que le duelen las encías como a mí
y que piensa en mí
pulveriza el espacio que nos separaba,
éste adelgaza y se vuelve más pequeño,
y es él
el espacio
quien se vuelve ciego
y no yo;
pero ¿se dará cuenta algún día?
¿Quién?
¿Quién?
pues el espacio que se sentirá más pequeño,
con los músculos agarrotados y acorralado;
al que le duelen todos sus dientes,
todos sus dientes ausentes como a mí
no se encontrará de pronto a mi lado
es el espacio quien se sentirá lejos de él y
de mí;
¡ y tendrá vergüenza de existir y de ser,
de ser el espacio cuando nosotros estamos allí!
Entonces, ¿qué hará ese espacio púdicamente?
Esa vieja limonada deberá marcharse
fu fe lou
hazé eto cuando
tú hazé eto
tú levanta lo'espíritu n'el aire
entonze tú no etá curao toavía
tú cré toavía en lo'epíritu
ió digo que lo vi y etá enfermo
lo vi etá muy enfermo
ustées van al mercao negro
al cine, a la carnicería hipofágica
hacen cola durante horas en el cine
en invierno bajo la lluvia
para ver películas imbéciles
y durante ese tiempo desde los siglos de los
siglos
en las laderas infectas del Cáucaso,
de los Cárpatos, de los Apeninos,
del Himalaya
seres bestializados bailan
bailan la danza del pus y de la sangre,
de los piojos reventados,
la danza de las vísceras sucias,
_. \\\ \\\ _\\
bailan para arrancar de ustedes esto y esto
y para imponerles esto esto y esto
en una palabra, la danza sexual.
¿Aún quieren sexo?
¿no quieren más sexo?
todo es sexo
-eze e too el poblema
que dios se vaya o se quede
ése es el problema que se plantea.
Bailan la danza de la fricción infame
del coito-infame con la mujer y
de la unión de ron y sonido
ió no entendo lo que quere dezir
quiere decir que el principio de la fecundación
sexual que desde los siglos de los siglos está colocado
con la lengua, el bazo y los pies
debe ser ordenado ahora,
porque lo que se plantea sobre el cólico de
nuestra humanidad es el problema de la partida de dios
o de su permanencia
pues dios es todos los microbios salidos
de las danzas obscenas de las razas torvas
y el problema que se plantea es
saber si vamos a seguir dejándolas bailar
-y bailá
ió no sabía
y ezo qu'importa
domingo, 15 de agosto de 2010
Un recuerdo más que pasajero
Se ven los pasos de una mujer que camina por un amplio pasillo, no hay nadie mas que ella, su paso es rápido , pareciera que buscara o que caminara hacia un punto especifico( la cámara esta a ras de suelo, solo se le ven los pies , va avanzando por delante de ella a unos metros de distancia )a medida que ella va avanzando y su proximidad a la cámara es corta se funde todo a negro, por unos 5 segundos, se escuchan ruidos de ciudad , de quejas ,de oficinas , de autos ,de un mundo que corre acelerado, ruidos angustiosos que van aumentando en volumen, y muy rápido, un reconto de sonidos, sonidos que se acumulan durante una común rutina cotidiana , se escucha un disparo de cámara fotográfica , un clic fuerte, los ruidos paran bruscamente.
Escena 2 interior .pasillo .Día
Del negro pasa instantáneamente a la imagen de Elisa que aun tiene la cabeza apoyada sobre la cámara,
Levanta la cabeza
Elisa: “Listo”
Y sonríe cínica y cansadamente a un grupo de hombres los cuales al parecer son “exitosos”oficinistas y empresarios, están muy animados y se felicitan con fuertes apretones de manos.
Escena 3.interior. Pasillo. Día
Ella comienza a guardar la cámara, desarma el trípode, y va ordenar sus bolsos, los tipos comienzan a marcharse, conversando a tono fuertemente, se despiden con un gesto lejano, uno de ellos se le acerca
OFICINISTA: cuando estarán listas las fotos?
ELISA: en algunos días, tengo que trabajarlas y se las llevo a su oficina, no se preocupe. (Su risa es nuevamente cínica)
Este se une a los demás que ya iban saliendo de la sala.
Elisa por fin termina de arreglar sus cosas, las agarra y sale de la sala en la que se encontraba.
Escena 4.Exterior .Balcón. Día Abre una puerta, sale a un balcón, la luz del sol ya es fuerte, se apoya en la barandilla, deja sus múltiples bolsos en el suelo y de su bolsillo saca un “dulce “, se lo hecha a la boca, mira hacia la ciudad, ve autos, gente, edificios altos, y un sin fin de imágenes típicas de la urbe.
Bota la envoltura del dulce al suelo.
Su mirada es de tristeza, de un sentirse fuera, de un cansancio antiguo, de nostalgia.
Se cansa de mirar y voltea.
Escena 5.exterior balcón día. Se agacha y se sienta decepcionada en el suelo, saca de su bolsillo otro dulce, y su mirada es casi perdida, no apunta hacia ninguna parte (la toma es desde la misma altura a la que esta ella) en el lado derecho de la pared en la que esta apoyada su espalda se ven escritos con frases, las que destacan entre rallados y escritos comunes.
(Frases que visualmente expresen lo que ella no puede expresar en palabras
justo al lado izquierdo de ella)
< Toda la maravilla de este mundo habita entre pequeños instantes...
No alarmas ni sorpresas por favor,
No alarmas ni sorpresas!
Escena 6.exterior .Balcón. Atardecer
En el suelo se está proyectando una flecha, que se mueve parpadeante,
Elisa totalmente desconcertada, busca lugares de donde pueda venir, no encuentra… piensa unos segundos… ¿la sigue?
La flecha comienza a avanzar,
Sube por una pared, llega a una puerta
Elisa asustada y desconcertada decide seguirla:
Elisa:”total, no tengo nada que perder” agarra sus bolsos y entra por la puerta.
Escena 7.interior .escalera. Día
Esta puerta da a una escalera, la flecha desaparece y Elisa se queda atónita, comienza mirar a todas partes como intentando encontrar algo que le indique lo que tiene que hacer ahora.
Algo en el suelo llama su atención, baja y se detiene en el tercer escalón más próximo a ella, hay muchas envolturas de dulces vacías, de las mismas de las que había sacado su dulce hace un rato.
Estas forman e indican un camino a seguir, es bajando las escaleras, baja.
Ya ha llegado al cuarto piso.
Escena 8.interior. Escalera .día
En el descanso del escalón que marca el cuarto piso, ve un pequeño escenario, pareciera ser de títeres, es todo como en miniatura, puede ver diminutos trajes colgados en sus bordes, como si una función estuviera a punto de empezar y solo faltasen sus actores, estos pequeños títeres. ( flashback)(En imágenes blanco y negro se pude ver a una niñita de mas o menos cinco años jugando en el suelo con dos pequeños títeres).
Ahora se puede ver a Elisa sentada al lado de este escenario, como esperando que algo suceda, la función empiece o aparezca alguien a su lado.
En solo unos segundo se da cuenta que su esperanza no tiene sentido, y su cara de decepción ya es mucha. Se para y decide seguir bajando.
Escena 9.interior. Escalera .Día.
La toma esta hecha desde el tercer piso, desde ahí se ve a Elisa bajando lentamente, su cara es de curiosidad, no sabe si es que le espera algo deslumbrante o si esta ilusión terminara por acabarse.
En una de las esquinas de la escalera se da cuenta de algo, dudosa vuelve a mirar,
hay muchas cajas, pequeñas y grandes, al parecer están vacías, las abre, una a una y se va dando cuenta de lo mismo, no contienen nada .Las sigue abriendo ansiosa, cada segundo su desesperación y tristeza van aumentando. ( flashback)( en imágenes en blanco y negro se puede ver a una niña ( la misma que en la escena anterior) , jugando con cajas , en donde abre una y aparecen mas y mas, de una caja saca otra , y de esa otra, otra y así continuadamente , la niña parece muy entretenida y deslumbrada) .
Escena 10.interior .escalera .día Elisa ya desesperada, tira al suelo algunas de las cajas y decide ansiosa y tristemente seguir bajando.
Escena 11.interior .escalera .día
Llega al segundo piso, se ve a Elisa desde atrás, (la cámara la sigue), ahora ya su paso no es lento, ni de tranquila espera, observa el piso ansiosamente, y de esta manera, rápida, llega a la esquina, ve colgados desde el techo, tiras de negativos, en un mesón que también se encuentra ahí, ve tubos de rollos fotográficos, una lupa, y un pequeñísimo trípode.
Escena 12.interior .escalera .día
Toma los negativos, su cara es de mucha exaltación y felicidad, segura de que por fin encontró algo, los acerca a su cara, poco a poco esta felicidad va cambiando, al ver que los negativos estaban sin nada, no aparecía ni una foto en ellos, estas ya no estaban, habían desaparecido, vuelve y vuelve a mirar, convencida de que aun puede encontrar algo. (flashback) (Ella misma con aspecto mas joven, jugando muy alegre y risueña, sacándole fotos al que en ese momento fuera su pareja)
Se vuelve nuevamente al mesón, muy tensa abre los envases de los rollos fotográficos, esperando por fin ahí encontrar algo, pero su ilusión es tristemente errada; no hay nada.
Escena 13.interior escalera.
Corre hacia el primer piso, en el que encuentra nada, solo peldaños,
Se sienta en uno de ellos, deja todos sus bolsos en el suelo, apoya su cabeza con las manos y su vista da justo hacia la ventana, en donde ya se puede notar que empieza a atardecer.
Permanece mirando unos segundos, por su cara se pueden ver avanzando unas pequeñas lágrimas, su mirada se dirige hacia el suelo, permanece ahí algunos segundos;
Lentamente comienza a darse cuenta de algo.
Del escalón en el que se encontraba nace nuevamente un camino a seguir, esta vez ya no son envolturas de dulces vacías, son pequeños botones de diferentes colores que siguen por el suelo bordeando la pared, y terminan su trayecto en el borde de una gran puerta de madera.
Escena 14.interior. Escalera.
Se levanta del escalón en el que estaba sentada, y se acerca al primero de estos botones, lo observa y comienza a seguir el camino que este demarca, llega a la puerta.
Temerosa, duda si abrirla o no…
Es la última ilusión, el último intento
La abre.
Escena 15.exterior .balcón
Sale a un espacio abierto, muy luminoso, el atardecer ilumina toda la ciudad la cual es totalmente reconocible desde ese lugar.
En frente suyo ve una maleta antigua, esta abierta, Elisa se acerca.
Ve un títere, lo toma, comienza a mirarlo y una sonrisa poco a poco va naciendo de su rostro, escarba en la maleta, en la cual hay un sinfín de cosas (todas recuerdos)
Encuentra una pequeña caja de colores, la que encierra muchas cosas adentro, (cajas y más cajas, las que cada vez van teniendo más colores)
La toma, la abre e intenta sentir su olor, como si fuera un tesoro nunca antes visto.
Sigue escarbando ,(entre medio van apareciendo muchas cosas ,entre ellas cartas, flores ya secas, papeles de colores, timbres de juguetes, una cámara, cigarros a medio terminar, pequeños juguetes, discos , etc.…)
Encuentra un álbum de fotos, y esta vez no estaba vacío, las imágenes pasan rápido por sus manos y por su vista, su cara es cada vez de mayor satisfacción y de energética tranquilidad, mira por última vez todo, cierra la maleta, la toma y se levanta.
Escena 16.exterior. Balcón.
Se observa como lentamente comienza a caminar, se aleja con la maleta en mano,
La cámara se acerca nuevamente a ella, Elisa se detiene, saca de su bolsillo un dulce, mira el papel y esta ves lo guarda cuidadosamente en su bolsillo, saca de su bolso unos audífonos y vuelve nuevamente a caminar( cuando se pone los audífonos la música comienza a sonar de fondo)
La cámara hace un paneo hacia el lado izquierdo y se ven colgadas de un cordel fotografías que en su total forman la palabra “Negar, Navegar, y Andar”
FIN
Eloisa Casanova
“EL ASCENSOR”
Escena 1. Exterior. Calle Balmaceda. Día.
Santiago, ciudad capital. Los monótonos edificios resaltan el gris de la tarde otoñal y el viento arremolinado sacude los ya casi desnudos brazos de la escasa arboladura urbana. Es la hora del almuerzo y trabajadores y estudiantes escapan de sus sitiales apresuradamente. Por la calle, cruzando entre los autos, un joven (Pedro) se acerca al edificio.
Escena 2. Interior. Entrada del edificio. Día.
Pedro sube hacia el pórtico. Allí otros dos jóvenes lo esperan.
NICOLÁS: Tss, hasta que llegaste, ¿lo trajiste, cierto?
PEDRO: Aquí está.
Y Pedro muestra un bulto que lleva en su mano.
NICOLÁS: Dale, nos quedan cinco minutos de colación.
Escena 3. Interior. Ascensor. Día.
Se acercan al ascensor y aprietan el botón. Pedro y Nicolás se muestran alegremente ansiosos; Jorge, el tercero, está serio, como indiferente. Llega el ascensor, está vacío y ellos celebran. Al entrar, marcan un piso cualquiera y comienzan a preparar la merienda. Pedro se sienta en el suelo y allí abre el paquete que lleva. Se trata de un apetecible pie de limón.
JORGE: Ya, páralo.
Nicolás acciona la parada de emergencia del ascensor y ya se aprestan a comer, todos acomodados sobre el suelo. Dividen el pie y Jorge saca una botella de leche con chocolate de entre su chaqueta.
JORGE: Para acompañar.
Empieza la comilona.
NICOLÁS: Uh, te quedó exquisito.
PEDRO: En realidad lo hizo mi mamá, yo sólo le puse el toque (ríen).
Prueban la leche, sorprendiéndose por su sabor.
NICOLÁS: Oh, poderosa...
PEDRO: Mmm… sublime.
El tiempo pasa raudo, como extraviado en una dimensión paralela, y ahora, devoran los últimos rastrojos del banquete en desorden y riéndose estrepitosamente, fuera de si, como borrachos.
NICOLÁS: Ya cabros, el postre.
Nicolás muestra una bolsita transparente con dulces de sustancia en su interior y reparte el contenido a sus amigos. Pedro comienza a probarlas.
PEDRO: Oye, son de las buenas.
JORGE: Sí, impecables.
El ascensor reanuda el movimiento, haciéndolos ponerse de pie con gran dificultad y torpeza, ayudándose entre si mientras balbucean e intentan tragar rápidamente. Su estado resulta patético.
NICOLÁS: Estuvo muy buena hoy día, cabros. Faltaron las minitas nomás.
Se abre el ascensor. Afuera, dos atractivas mujeres esperan.
JORGE: ¡Aja! ¿Qué piso marcaste? Parece que llegamos muy arriba.
Descienden y flirtean con las féminas mostrando una gran picardía y soltura desinhibida, dirigiendo su atención exclusivamente a las voluptuosidades que generosamente ellas exhiben.
Hasta que el ascensor se cierra. Dentro quedan las dos mujeres que no se conocen entre si. La que se ubica delante posee un cuerpo escultural y está un tanto incómoda por haber sido el foco central de aquel bochorno, mientras que la de atrás se muestra entretenida con lo que acaba de ocurrir. Ella comienza la conversación.
JULIA: Hola… ¿Estás bien? Te noto media nerviosa.
CLAUDIA: Sí… es que no me gusta esa gentuza.
JULIA: ¿Cómo no te gustan, por qué? Si son hombres poh. Y tú eres bonita, te tienen que mirar.
Julia lanza una pícara mirada por detrás a Claudia, de arriba a abajo, mientras sonríe concupiscente. Ésta no voltea para hablarle, sino que sólo desvía la mirada en su dirección eventualmente.
CLAUDIA: Esos no son hombres, son gusanos.
Julia inexplicablemente asume con una actitud placentera las respuestas de Claudia, y comienza una serie de ligeros movimientos especulativos con su cuerpo.
JULIA: Ah, sí. ¿Y cómo es un hombre realmente?
CLAUDIA: Tú dices un verdadero hombre... bueno, el que tenga la suficiente sensibilidad para apreciar la suprema belleza divina de la mujer, y que la dignifique y la ame por sobre todas las cosas. Como los poetas, ves. Ellos la alaban con la palabra. Cada hombre debe encontrar su propia forma de divinizar a la mujer, no como esos pelotudos que sólo la humillan.
Mientras la conversación se va llevando, Julia demuestra con su rostro cada vez más placer a tal punto de serle dificultoso el hablar.
JULIA: Ajá… una teoría muy interesante, ¿la desarrollaste tú?
CLAUDIA: No la he desarrollado yo porque no es una teoría, sino una verdad. Solamente la llevo a la práctica de la forma que me corresponde.
JULIA: ¿Qué quieres decir? ¿Qué debieras hacer tú como mujer?
CLAUDIA: Ay, no me des tanto crédito (ríe), como mujer aún nada. Por ahora sólo puedo asemejarme a ella, pero voy rápido, mañana mismo me saco éste (sujeta sus genitales con fuerza). Ésta es mi forma de consagrarme a la mujer.
Julia ha detenido sus movimientos quedando estupefacta por la revelación. El ascensor se abre. La atractiva Claudia baja.
CLAUDIA: Adiós, querida, piensa en lo que hablamos.
JULIA: Chao.
Julia abrocha rápidamente su pantalón y lanza un suspiro de alivio mientras posa las manos sobre sus senos y genitales.
Ahora, se acercan un señor mayor encargado del aseo con sus implementos y un joven con audífonos que mueve su cabeza al ritmo de la música que oye. Sus ojos están cerrados. Suben al ascensor aún ocupado por Julia. Las puertas se cierran. El olor que expele el barrendero parece molestar a la mujer, quien expresa el rechazo cubriendo su nariz con un pañuelo. Al rato, el señor, que no ha visto la actitud de Julia, también percibe un olor desagradable, busca el foco de origen en el aire, ve a Julia y la señala como culpable del hedor, tapa su nariz con una mano y enfadado intenta airear el ambiente con la otra. El joven de los audífonos está en un rincón con la misma actitud y sin hacerse partícipe de la situación, que se torna cada vez más peligrosa para el barrendero, que mediante aleteos e imprecaciones gestuales hace notar a Julia que apenas y puede respirar e intenta inútilmente abrir las puertas del ascensor mediante los botones del tablero. La mujer está desesperada al no entender qué pasa y se siente apabullada por los constantes reclamos en su contra. El hombre golpea las puertas y ya cerca de desfallecer siente el alivio, pues se han abierto. Baja con dificultad pero lo más rápidamente posible, mirándola con desprecio. Ella queda en el ascensor sintiéndose humillada.
El joven a su lado ha permanecido inconmoviblemente con sus ojos cerrados. Las puertas se juntan y él progresivamente va aumentando sus movimientos corporales al ritmo de la música a tal punto que Julia comienza a asustarse. Hace como que toca una batería o una guitarra, le da golpes con los pies al suelo y a las paredes y a veces salta. Julia ya no soporta más, aprieta los botones del tablero infructuosamente y por último intenta tomarlo para que reaccione y evite una agresión física involuntaria hacia ella. Cuando al fin logra hacerlo, él se detiene, voltea la cabeza y abre sus ojos mirándola fijamente. Ella da un grito de espanto al ver sus párpados abiertos. El ascensor se detiene, Julia desciende corriendo y él lo hace calmo, con la misma actitud inicial, siguiendo un ritmo tranquilo con los ojos cerrados.
Esta salida la presencia Carlos, atareado oficinista que quiere subir al ascensor. Su caminar es tenso y su mirada acechante. Cuando las puertas se cierran, se relaja y comienza la plática.
CARLOS: Por fin, sólo quería conversar contigo, yo sé que tú eres el único que me entiende. Ellos hablan, como si yo tuviera tiempo para escucharlos. ¡No puedo! Hoy día mismo quería ir al baño treinta segundos pero apenas y me paraba ya estaba mi jefe con más carpetas que archivar."Señor Ramírez, de la 457 a la K18 cárguelas a B9 y llévelas a Central 3..."... Sólo pedía treinta segundos. Me tiene enfermo ese maldito… A propósito, perdona (comienza a orinar en un rincón). El asqueroso no me dio ni treinta segundos... Pero no importa, ya me tendrán que valorar. Tú mismo me has dicho que soy irremplazable, que sin mí se hunden. Pero ellos no se dan cuenta porque están ciegos. Yo lo haré notar. Ni treinta segundos... Se creen eternos... los muy putos (se abrocha y mira su reloj). Ya. Es la hora.
De su bolsillo saca un frasco con pastillas y toma dos. Se retuerce por la medicina. La tensión va subiendo desde sus manos a los brazos, los hombros, el cuello, el rostro que se alza al cielo en un grito ahogado hasta que por sus ojos muy abiertos brotan dos lágrimas. Las puertas se abren.
CARLOS: Gracias por escucharme… (yéndose) Ni treinta segundos…
Por distintos flancos dos señoras abordan el ascensor. Una viene acompañada de una niña pequeña; la otra, de un niño un tanto mayor. Entran esquivando la orina en el suelo.
MAMÁ DE LA NIÑA: Cuidado hija con esa posa. Mire, señora, orinaron aquí.
MAMÁ DEL NIÑO: No me diga. Ah, pero debe haber sido un perro, no hay que pisarla nomás. No nos vamos a bajar, pues, si no hay más ascensores.
MAMÁ DE LA NIÑA: Tiene usted razón, ya, vamos. ¿A qué piso va?
MAMÁ DEL NIÑO: Al primero, voy bajando.
MAMÁ DE LA NIÑA: Ah, qué bueno, yo también. A ver... esto se aprieta aquí, sí, aquí, ya. Oh, esta cosa no funciona, mire.
MAMÁ DEL NIÑO: A ver, no, si usted aprieta éste y después éste... ah no... ¡Ah! Ya... a ver... éste y éste. Mmm, yo creo que el que lo meó lo echó a perder. Ah no, sí, no, ¡sí!, ahí está, funcionó (el ascensor inicia la marcha). Ah, esta cacharra está buena para chatarra ya, ¿no?
El niño escucha con cierto desprecio toda la conversación, sensación similar a la que siente por la orina en el rincón y que manifiesta con su cuerpo. La niña oye todo con una tímida vergüenza, como sintiéndose algo culpable por la situación.
MAMÁ DE LA NIÑA: Oh, sí. Yo llevo años andando en este mismo ascensor y desde que lo conozco es viejo y está descompuesto. He sabido que lo han intentado reparar muchas veces y que lo dan por bueno, como nuevo dicen, pero al ratito ya empieza a fallar otra vez. Yo creo que esta cuestión no tiene arreglo ya.
MAMÁ DEL NIÑO: Sí, es cierto, como que habría que cambiarlo por otro nuevo nomás, pero se demorarían tanto en remplazarlo. Desinstalar éste, instalar el otro, probarlo y nosotros no tenemos tiempo, necesitamos el ascensor, tenemos que subir, ¿cierto?
MAMÁ DE LA NIÑA: Claro, pues. Y además que cambiarlo sería tan caro y necesitaría tanto trabajo y dedicación. No, yo creo que es cosa de acostumbrarse nomás, de darle tiempo, si total llevamos tanto con él que qué perdemos esperando un poquito más (el ascensor se detiene bruscamente). Ah, ¿qué pasó? Pucha, llegamos, ya, bueno.
MAMÁ DEL NIÑO: ¿Y las puertas? ¿Por qué no se abren? Mire, se trancaron.
MAMÁ DE LA NIÑA: A ver, déjeme probar, no, no abren. Ah, el otro día pasó esto mismo. Saltamos y se abrió, ¿saltemos?
MAMÁ DEL NIÑO: Ya, a ver niños. Saltemos. Ya, todos juntos, uno, dos, tres (los niños no saltan).
MAMÁ DE LA NIÑA: ¡Bien!, se abrió.
Mientras bajan, siguen hablando.
MAMÁ DEL NIÑO: Oye, ¿y cómo supieron que saltando se abrían las puertas?
Las señoras se van. Los niños no las han seguido. Permanecen allí, fuera del ascensor.
MAMÁ DE LA NIÑA: No, fue accidental. Es que mi marido estaba furioso, y cuando él se enoja a veces salta y entonces...
Las voces se pierden a lo lejos. En el pasillo los dos niños se miran. Él extiende su mano hacia ella, que voltea para ver por última vez las siluetas de quienes se alejan. Lentamente coge la mano fraterna con un dejo de inseguridad. El niño ahora le sonríe y ella actúa con reciprocidad. Ya juntos, comienzan a subir por las escaleras.
FIN
Philip Urria
jueves, 12 de agosto de 2010
Hasta Mañana
Hablarle al rostro. Más parece que intento hablar de tu rostro,
en su recuerdo, en esa imagen de la que salían palabras, y esos gestos, los
tuyos,... sabes no quisiera hablarte, ya no quiero bailar com você , entre estas
baladas brasileras y tus tangos de flamenco, estamos en pistas en pasos y ritmos
que ya no juntan ni pegan -pero asi todo nos miramos con recelo desde lejos- yo
lo veoSiento eso que te extraño pero ya no a ti, sino de ti, extraño
de ti loque fuera todo menos tú mismo. Ese que se sabe ser, y sabe quién ser...y
quiere también saber quien serme (o quién hacerme)Por esas últimasprimeras épocas del tú y del
yo, era inimaginable era muy dificil y poco disfrutábal cortar esas
mangas, esos jales...no me jales las caderas libres, -querubín.Fue preciosa la esclavitud de la libertad, éramos espiritus,
éramos amantes pero putaque éramos avergonzados de nosotros mismos.. jaja claro!
claro que me río.Mi fantasía sobre la locura... procuré hacer de ti mi fantasía,
mi alegría, mi más fetiche que verdad -la verdad ya no importa más- Cómo me
gustaría no volver a verte más, olvidarme del que se fue, dejar de escribir ya
lenta y forzosamentey verte otra vez. Verlo de nuevo. Algún de nuevo, no por fin de
nuevo. Del NUEVO.Porque no te estoy esperando -sí ?Maternal al lado del hueco eco eco eco que sólo resuena en sí
mismo...no hace falta el llanto la súplica o el regaño.Sí, es ser feliz...(pero es algo que nunca se puede
pedir)Desde un día empecé a ser feliz y ya no paré más.Odio en la felicidad, llanto en la felicidad, grito de
felicidad, canto en felicidad, gargajo en la felicidad, me cago en la felicidad!
:DLa crudeza es el amor más limpio del que te puedo contar...¿qué me resta? ya no sé... no hay un final escrito aqui en mí
cabeza ¿y en la tuya?Es que si te veo al rostro, el olor que expele tu carame es tan tan tan común...mes tan tútú del que se hace tú tan tan tú ...zzzzzzz


