martes, 24 de agosto de 2010

Apuntes sobre Artaud y su obra "para terminar con el juicio de dios"

La idea ha sido simplemente transcribir los textos de Artaud y ponerlos a disposición para que aquellos que puedan estar interesados tengan la posibilidad de leerlos y de adentrarse un poco en su obra.

No pretendemos hacer ni una tesis ni un ensayo, solo unas notas que ayuden a situar al lector a través de los acontecimientos y las circunstancias y sobretodo completar el proyecto musical de Elevador de cargas basado y desarrollado a partir de esta misma obra. No es nuestra intención intentar explicar lo inexplicable o dar masticado algo que es por definición indigestible.

La traducción que hemos escogido es la de María Irene Bordaberry, porque pensamos que es francamente buena.
La disposición tipográfica se acerca mucho a la utilizada en la edición limitada de 2.000 ejemplares de Caldén (Argentina-1975), ya que no podemos ver los originales ni disponemos de la primera edición de K; hay que entender que los poemas de Artaud están escritos para su lectura en voz alta y para su compresión auditiva y precisamente esa disposición tipográfica es un recurso más del autor que trata a veces de impedir la compresión al uso buscando otros caminos cortando las frases o poniendo algunas palabras incluso dos páginas atrás, al fin y al cabo hablamos de uno de los mejores exponentes del movimiento surrealista...
Y en palabras suyas :
"'El surrealismo no es un nuevo o más fácil medio de expresión ni, incluso, una metafísica de la poesía;
Es un medio de liberación total del espíritu y de todo lo que se le parece".
.., (El surrealismo) es un grito del espíritu que regresa a sí mismo decidido a pulverizar desesperadamente sus cadenas".

Hay que saber que durante 9 años, entre 1937 y 1946 Antonin Artaud permaneció encerrado en hospitales psiquiátricos de forma ininterrumpida, al margen de otros internamientos previos, allí fue duramente “tratado” a base de electroshoks y otros métodos que físicamente le deterioraron hasta el punto que cuando le soltaron parecía un anciano; 9 años que pueden corresponder a 40 años en el transcurso de la vida “normal “de cualquier persona hoy en día, con el agravante de que parte de esos años (entre el 37 y el 43) sucedieron en la Francia ocupada por los nazis.
No es necesario decir nada más.
La vida de Artaud supera a la ficción en todas sus etapas.

Para terminar con el juicio de dios fue escrito por Artaud a petición de Fernand Pouey para ser transmitido por la radio francesa.
Artaud, M. Casares, R. Blin y P. Thévenin lo grabaron el 28 de noviembre de 1947, pero la emisión, programada para el 2 de febrero de 1948 fue prohibida por el director de la radio, Wladimir Porché, escandalizado por la virulencia del texto.
Fernand Pouey logró que se formara una especie de tribunal (integrado, entre otras personalidades, por Cocteau, Eluard, René Char, Paulhan, Barrault, Jouvet, René Clair, Callois, etc...) encargado de dar su parecer sobre el poema. El fallo fue totalmente favorable pero, no obstante, el director de la Radio mantuvo su veto.
También hubo una audición privada en un cine abandonado de París, pero la radiofonía en sí no sería publicada como documento sonoro hasta 15 años más tarde.
Artaud moriría ese mismo año (1948) bastante decepcionado por todas estas circunstancias que se daban precisamente cuando por fín creía haberse liberado de 9 años de terror e incomprensión.

Las "cartas" agregadas posteriormente al ser publicado por K editor, muestran cuál era la posición de Artaud en este asunto, además de ser una vía de expresión muy utilizada por él desde que el doctor Frediére, durante la segunda etapa en el Psiquiátrico se lo impusiera como “arte-terapia”.
La carta al sacerdote Laval , que había sido favorable a la emisión del poema diciendo:
"Al fin he aquí el lenguaje verdadero de un hombre que sufre" es ejemplar por el rigor con que Artaud plantea el problema de fondo de una manera radical, sin concesiones, lo normal hubiera sido agradecerle al padre Laval su fallo favorable al poema.

Otto Hahn comenta este texto así: "Es el fin de la cultura como perspectiva privilegiada. Artaud después de Rodez (hospital psiquiátrico) ya no cree en los sistemas, en las posiciones intelectuales, en las manifestaciones virtuales. Ya no cree en el teatro donde todas las relaciones están falseadas.
La «revuelta interior vendrá -le escribe a Breton-, pero no vendrá del teatro, pues por sincero que este sea, los escenarios con un público delante hacen del hombre más desinteresado un actorzuelo».
Él que quería suscitar trances decide vivirlos: "el teatro no es sino la vida, y la vida es un espectáculo sin explicación ni justificación"
Lo que esos escritos poseen de singular se debe a la conmoción y a la superación brutal de los límites habituales, al cruel lirismo suprimiendo sus propios efectos, no tolerando aquello que le da la expresión más segura.

Maurice Blanchot citó en 1946 esta frase de Artaud: «Comencé en la literatura escribiendo libros para decir que no podía escribir nada en absoluto.. Cuando tenía algo que escribir, mi pensamiento era lo que más se me negaba. Nunca tenía ideas y dos libros muy cortos, cada uno de sesenta páginas, ruedan por esta profunda, inveterada, endémica ausencia de toda idea. . .» para Artaud todo lenguaje verdadero es incomprensible y su lenguaje ha sido definido como verdadero e incomprensible, .
Artaud lo hizo en vida, en carne y huesos, en sensibilidad, su revolución (¿cómo llamarla?) y lo dijo, las palabras lo usaron para salir, pobres, obscenas, deslumbrantes, hirientes, podridas, tripas de palabras, palabras que volvían al sonido y renacían del sonido, del bramido, del hipo agónico de ese puñado de carne rehaciéndose en otro cuerpo ante nuestros ojos de espectadores.
Artaud dice que debemos dejar de ser espectadores y que para eso hay que arrancar el trozo podrido, el "yo", y que toda su guerra individual es una guerra social, que adentro, en arterias, en tendones y glándulas, transcurren carnicerías tan grandes como las de afuera, y que en su nuevo estado no hay adentro ni afuera.

Paule Thévenin, resistiéndose al enjuague que querían hacer con Artaud algunos personajes, dice con claridad: "La obra de Artaud trastorna. Trastorna porque destruye por su base todo un sistema de referencias, porque corroe la cultura específicamente occidental y se dedica a atacar el pensamiento y la sociedad pequeñoburguesa. Pensamiento que se defiende declarando insensatos, privados de sentido y por consiguiente incomprensibles, sus últimos textos. Sociedad que busca preservarse y mantenerse relegándolos al catálogo de las obras de alienados después de haber tenido la precaución de encerrarlo, a él, durante nueve años en asilos para poder así decirle loco cómodamente". Se sabe que "la estructura fundamental de la locura está inscrita en la naturaleza misma del hombre", que en nuestra sociedad nunca se ha pensado más profundamente que en sus locos, ¿entonces?

G. Bataille le describía así en cierto período de su vida :
"Conocí a Antonin Artaud, en cierta medida, desde los primeros tiempos a través de Fraenkel.
Era hermoso, descarnado y sombrío. El teatro y el cine le producían dinero como para vivir bien, pero no por eso su aspecto era menos famélico. Nunca se reía, ni estaba pueril e incluso aunque hablaba poco había algo patéticamente elocuente en su silencio grave y terriblemente enervado. Estaba calmo, su elocuencia muda no era convulsiva sino, por el contrario, triste, abatida, interiormente atormentada. Parecía un pájaro rapaz, huraño, de plumaje terroso, concentrado en el instante de levantar vuelo, pero detenido en esa posición, de cualquier manera no incitaba a la conversación.
Artaud le describía a Fraenkel sus estados nerviosos. Se drogaba, sufría."

El propio Bretón dice : " Sé que A.Artaud ha visto, en un sentido en que Rimbaud y aun antes Novalis y Arnim habían hablado de ver ... el drama es que la sociedad a la que cada vez nos honramos menos de pertenecer persiste en considerar como un crimen inexpiable que un hombre haya pasado al otro lado del espejo. En nombre de todo aquello a lo que me siento unido más que nunca, aclamo el regreso a la libertad de Artaud en un mundo donde la libertad misma está por rehacerse; más allá de todas las denegaciones prosaicas doy toda mi fe a Antonin Artaud, hombre de prodigios; saludo en Antonin Artaud la negación desesperada, heroica, de todo lo que morimos por vivir."

Y para terminar reproducimos un fragmento de un espléndido texto de 1968 (Buenos Aires) de Aldo Pellegrini publicado por Editorial Argonauta con el cual nos identificamos plenamente :

La obra de Artaud es inclasificable. No existen pautas para definirla.
Sus textos ocupan el lugar de la literatura, pero no son literatura; simplemente la desplazan.
La notable influencia que la obra de Artaud tiene sobre una parte importante del espíritu contemporáneo, ¿ a qué se debe? Es una obra extraordinariamente compleja que desarrolla una multiplicidad de sentidos y a pesar de ello de una notable unidad, aunque haya quienes la consideran resultado de un pensamiento paranoico; éstos son, sin duda, aquellos que dentro del término paranoico engloban cualquier pensamiento libre.
La obra de Artaud, por encima de toda otra apreciación, debe considerarse inspiradora de una nueva conciencia de la rebelión, afirmada en los valores más hondos del hombre, en oposición a una sociedad esencialmente antihumana.
La atracción apasionada que ejerce sobre determinados seres se debe a que constituye la más potente y luminosa forma de disconformismo que haya dado la palabra.
Por su carácter singular, la obra de Artaud desafía a toda crítica. Mucho se ha escrito sobre ella. Desde los testimonios de quienes lo conocieron, hasta los ensayos y estudios en distintos niveles y con diversas perspectivas.
Pareciera que la obra de Artaud se resiste a ser tratada como objeto de estudio, se niega a ser examinada como forma. Lo prueban los últimos ensayos de conocidos estudiosos de la literatura. El modo de "envoltura del texto" (según la expresión de Barthes) en que se complace un sector de la nueva crítica, en lugar de abrir el acceso a la obra, lo cierra. Los intentos de una indagación formalista del tipo del análisis estructural, no conducen, en este caso, más que a la pulverización del texto y terminan por no entregarnos nada.
La escritura de Artaud produce la sensación de una inmovilidad que borbotea, agitada por poderosas presiones internas. Para seguir las sinuosidades de ese pensamiento en ebullición, no queda más recurso que identificarse al máximo con él, y acompañarlo hasta en sus contradicciones. Estas contradicciones se convierten, en la señal de un pensamiento vivo que no puede medirse con los patrones de la lógica formal.
Más que el frío desmenuzamiento de un texto, con pretensiones de interpretación, la función de la crítica debe consistir en una guía de ruta, que señale la conformación y los accidentes de la obra, en una especie de visión panorámica que respete su integridad, acompañe al texto e ilumine, si cabe, sus lugares recónditos, pero excluyendo toda maniobra que resulte agresiva para él.
Es imposible hacer un análisis con criterio pretendidamente objetivo de la obra de Artaud, ni tener una idea alejándose para tomar una perspectiva de ella. Nada se ve alejándose, pero en cambio si nos acercamos lo suficiente, de pronto nos sentimos sumergidos, como envueltos en ese piélago ondulante de palabras agitadas por estremecimientos semánticos. Sólo penetrando en esa atmósfera de total exasperación puede alcanzarse el pensamiento de Artaud.
No hay duda de que para realizar una indagación de esta clase hay que tener conciencia de las dificultades y de los riesgos de extravío. Pero si emprendemos la tarea es probable que de pronto nos sintamos cercanos al foco donde anidan los problemas esenciales del hombre, allí donde se asienta la fuente más pura del ser; y como gratificación final quizás estemos entonces en condiciones de penetrar en nosotros mismos y descubrirnos.
Nada puede pasarse por alto en Artaud porque en lo que dice todo adquiere un sentido nuevo, y cada cosa, cada signo, aún el más insignificante, se torna inexplicablemente revelador.
No hay más medio para utilizar, pues, que la imersión en el texto, despojados de preconceptos, de normas, de modelos, y antes que nada, despojados del prejuicio de la literatura. Penetrar en una obra tan poco asequible, significa lanzarnos en lo oscuro sin otra guía que el mismo Artaud, pues, como él dice: "Lo que yo hago es huir de lo claro para aclarar lo oscuro". Podría hablarse paradójicamente en Artaud de una claridad de lo oscuro. Un texto suyo es como una luz móvil que ilumina y recorre lo abisal.
Nos encontramos, entonces, frente a un nuevo tipo de escritura en la cual se vuelca la totalidad de la experiencia vital más honda, con prescindencia de estructuras formales previas o de una intención estética de cualquier tipo. No se aspira en ella a ningún ideal de belleza o perfección. Ya no es más literatura. Lo que no quiere decir que antes no se hayan realizado intentos parecidos de liberación del lenguaje.
Los encontramos en Rimbaud, en Lautréamont y en algunos autores de este siglo, aunque en todos ellos nunca deja de estar presente la intención literaria.
Artaud supera las nociones que tenemos del escritor o del poeta. Tampoco es el filósofo o el místico, aunque sus relaciones con este último sean las más estrechas.
Sus textos constituyen una retahíla de vivencias, puestas tan al desnudo como jamás imaginó escritor alguno. Rehuyendo cualquier tipo de ficción, cualquier vestidura literaria, despojadas al máximo, son vivencias recogidas en lo más profundo del ser, allí donde nacen la religión, la filosofía, la poesía, pero respetando su primordial cualidad volcánica, con su incandescencia originaria, para configurar una lava hirviente de palabras que pretenden calcinar un mundo en descomposición, este mundo en el que vivimos.
La de Artaud es la transcripción sin ejemplo de una experiencia de vida total. Su obra escrita es una exploración descarnada de la condición humana, especialmente en sus niveles más ocultos, mostrándonos su absoluta precariedad: el desamparo, el despojamiento, la invalidez, la parálisis que fija al ser en un punto siempre detrás de sí mismo y lo detiene en la zona de la soberana impotencia. Esta es la situación con referencia a la condición de un hombre que simplemente pretende vivir con autenticidad.
Artaud mismo nos ofrece la imagen de fuerzas extremas en tensión: siendo el máximo desposeído es aquel a quien sólo conforma la posesión de lo inalcanzable. Increíble tortura de lo inalcanzable: el suplicio de Sísifo y el de Tántalo combinados.
Todo su saber, Artaud lo extrae de sí mediante el recurso de colocar a su ser en estado de paroxismo, para rescatarlo del vacío al que conduce la razón en su inútil juego de alcanzar la verdad. La razón que permanentemente se impone por norte la verdad y que maniobra sagazmente para encontrar los caminos tortuosos que la desvían de ella.
También para la razón, la verdad resulta inalcanzable.
Y aquí es el momento de recordar alguno de los múltiples diatribas de Artaud contra la razón.
En "La anarquía social del arte" dice:
"No es espiritual nada que pueda ser alcanzado por la razón o la inteligencia."

Una obra tan difícil ha dado pie para que se la enfoque desde los puntos de vista más dispares.
Al sacudir de modo violento el conformismo y las normas de vida aceptadas, al proponer casi una Ideología de la transgresión, resulta lógico que la mayoría la rechace totalmente.
Entre aquellos que le manifiestan cierta estima hay quienes la consideran simplemente como documento de un caso patológico en un curioso sujeto dotado de cierto talento, o como la aventura literaria de un extravagante desafortunado.
Pero sus mayores enemigos suelen estar entre quienes parecen aceptarla sin reparos.
El mito de Artaud ha invadido el sórdido reducto de los snobs, que ven en su rebelión condimentada de locura, un producto no sólo inofensivo para el "establishment", sino de gran valor ornamental por su singularidad. Es víctima también, por otro lado, de la adoración estúpida de algunos fanáticos que buscan héroes compensatorios de su inferioridad, seducidos por su carácter de poeta maldito, por su holocausto personal, y recogiendo el aspecto exterior o anecdótico de su vida y de su obra.
Llega hoy hasta a convertirse en bandera de la crápula intelectual, y aquí reside el mayor peligro de confusión, por lo que la tarea de quienes respetan a Artaud es arrebatarlo de las manos de los crapulosos.
Pero el suyo no deja de ser el destino de todo aquel que ha logrado despertar un eco nuevo en el espíritu de los hombres de modo que hay que resignarse a esperar todas las deformaciones posibles y el aprovechamiento de su pensamiento por falsificadores del más variado género.
*

La emisión radiofónica preparada por Artaud fué censurada, pese a haber sido anunciada para el día 2 de febrero de 1.948.
A propósito de todo esto hay una serie de cartas que reproducimos a continuación y que Artaud escribe a :
Fernand Pouey director de programas dramáticos y literarios de la radio france posteriormente dimitiría de su cargo por no estar de acuerdo con la censura de ese programa.
Wladimir Porché quién, como director de la radio, tomó la decisión de no emitir la radiofonía.
René Guilly que entiendo escribió un artículo en la revista "Combat" de tendencia marxista a raíz de escuchar la grabación en un pase privado organizado por Artaud y Pouey en un cine abandonado.
R.Padre Laval sacerdote católico que formó parte del comité de "sages/sabios" que escuchó la radiofonía a puerta cerrada en los estudios de la radio el 5 febrero del 48 para dictaminar si era o no apta para su emisión, pese a que la respuesta fué positiva Artaud no desaprovecha la ocasión para dejar clara su postura ante la iglesia.

Al Señor Fernand Pouey

querido señor

Con respecto
a
"Para terminar de una vez con el juicio de dios"

El montaje general se distribuye así:
1 texto de apertura
2 efectos sonoros
que se mezclan con el texto recitado
por María Casares

3 danza del Tutuguri texto
4 efectos sonoros (xilofonías)
5 La búsqueda de la fecalidad
(recitado por Roger Blin)
6 efectos sonoros y redobles entre Roger Blin y
yo

7 El problema que se plantea es que".
(texto recitado por Paule Thévenin)
8 efectos sonoros y mi grito en la escalera
9 conclusión texto
10 efectos sonoros finales.

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Al Señor Fernand Pouey

11 de diciembre de 1947
Querido señor

. . . pemítame volver sobre el trabajo realizado.
Creo que en él se puede encontrar lo mejor y lo
peor.
Hice mucha radio antes de la guerra
con Paul Deharme
en radio información
y el trabajo que realicé en la suya estaba lejos de
representar una toma de contacto con ese medio
de expresión
pero por otra parte
es nesario que
el realizador
Señor Guignard
los técnicos
y en general
todos aquellos
con los que tuve algo que ver
comprendan
cuales fueron mis intenciones y deseos.
Si se considera el asunto en bloque tendremos la impre-
sión de un trabajo
caótico y no continuado;
una especje de azaroso y epiléptico
trozo
en el que la sensibilidad errante del oyente debe
también escoger
al azar
lo que le conviene.
¡¡Puees bien, no!!
Terminar de una vez con el juicio de nuestros actos
por medio de la suerte
y por una fuerza
dominante
es revelar
su voluntad
de una forma
bastante nueva
para indicar que el orden rítmico y la
eventualidad de las cosas cambiaron su
curso,
en la emisión que hice hay suficientes
elementos
rechinantes
punzantes
desencajados
chocantes
que montados en un orden nuevo
pueden evidenciar el logro del objetivo
perseguido
mi función era aportar
elementos
así lo hice
hay algunos malos
y otros que creo excelentes
espero que encuentre a un técnico
inteligente
que sepa darle a esos elementos
los insólitos valores que les
adjudiqué
crea en mis buenos sentimientos

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Al Señor Wladimir Porché.
director de radiodifusión

4 de febrero de 1948
Señor

me permitirá usted estar algo más
que indignado y escandalizado
por la medida que acaba de ser tomada
a último momento contra mi radiodifusión:
Para terminar de una vez con el juicio de dios
en la que trabajé más de 2 sema-
nas y que estaba anunciada en todos los
diarios desde hace más de un mes.
Usted no ignora con qué curio-
sidad esta emisión era esperada por la gruesa
masa del público
como una especie de
liberación, porque contaba con un conjunto sonoro
que lo iba a arrancar por fin de la rutina ordinaria de las
emisiones.
Tuvo entonces suficiente tiempo antes
de ayer domingo a la tarde en que
creyó que debía tomar esta medida de inter-
dicción

[de darse cuenta]
de la atmósfera especialmente favorable
que rodeaba la salida de esta emisión.
Ahora bien buscó en vano el escándalo
que hubiera podido producir entre la gente bien
intencionada,
y que no tomó partido
anticipadamente

como es el caso aquí.
Yo, el autor, escuché la
grabación como todo el mun-
do
muy de muy decidido a no permitir nada
que pudiera lesionar
el gusto
la moralidad
las buenas costumbres
la voluntad de honor
que pudiera por otra parte
chorrear
aburrimiento
lo ya visto
la rutina
quería una obra nueva, que apresara
algunos puntos orgánicos de vida,
una obra
en la que uno sienta todo el sistema nervioso
iluminado como en el fotóforo
con vibraciones
consonancias
que inviten
al hombre
a salir
con
su cuerpo
para perseguir en el cielo a esta nueva, insólita
y radiante
Epifanía.

P Pero la gloria corporal sólo es posible
cuando
nada
en el texto leído

choca,
tara
esta especie de voluntad de gloria.
Ahora bien busco
y encuentro
1 º la búsqueda de la fecalidad, texto cons-
telado de palabras violentas, de palabras horribles,
sí, hay palabras violentas, palabras
horribles,
pero en una atmósfera tan fuera de la vida
que no creo que exista en este momento
un público capaz de escandalizarse con
ellas.
Todos deben comprender
que estamos hasta la coronilla de la su-
ciedad
tanto física como fisiológica
y desear
un cambio
corporal
de fondo.

Queda el ataque del comienzo al capitalismo
americano.

Pero habría que ser muy ingenuo, señor Wla-
dimir Porché para no
comprender que en este momento tanto el capitalismo americano
como el comunismo ruso nos conducen a
la guerra, entonces por medio de voces, tambores y
xilofonías alerto a las individualidades para
que se unan.
soy
ANTONIN ARTAUD

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Al Señor Fernand Pouey

Ivry-sur-Seine, 7 de febrero de 1948

Me enteré de su admirable actitud respecto
a mi radiodifusión.
Perdón por el perjuicio que le causo
y
gracias
por defenderme así con
todo su corazón.
Sé que se jugó y arriesgó su
posición
pero no comprendo que una incompe-
tencia, que acaba de salir del colegio como Wla-
dimir Porché se arrogue el derecho de suspender la
difusión de un documento anunciado desde hace
muchas semanas
y en consecuencia
escuchado
por decenas de técnicos que juzgaron
su valor
y decidieron
su emisión.
Hay en todo esto un golpe de autocratismo arbitrario
que no debe soportarse.
Por otra parte le escribí a WIadimir Porché una
carta
exponiéndole
en detalle
y de una manera simple y muy clara
cómo y por qué escribí mis
textos y compuse esta emisión.
Con respecto al sentimiento del oyente poco advertido
ninguna
emisión fue esperada nunca con más curio-
sidad e impaciencia por el grueso del público
que precisamente confiaba en esta emisión
para formarse un criterio frente a ciertas cosas de la vida.
Esta emisión es una larga protesta
contra el erotismo congénito de las cosas contra
el cual todo el mundo en su subconsciente quiere
reaccionar y contra la arbitrariedad social política y
eclesiástica (religiosa) en consecuencia ritualista de la
ley.
Pues el cuerpo social está harto de ritos. Habrá que
pedirle a Wladimir Porché esa carta
para reproducirla en la Prensa
Suyo de corazón


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Al Señor René Guilly:

7 de febrero de 1948.

Señor,
Esta mañana cuando leí su artículo en "Combat" creí
soñar, por otra parte estoy sorprendido de que lo publi-
caran.
Pues tengo una idea mucho más alta que la suya de ese
famoso público.
Lo creo infinitamente menos podrido de prejuicios de
lo que usted piensa.
Los que el lunes a la noche sitiaban la radio
y espera-ban con una curiosidad y una impaciencia jamás vista,
la emisión intitulada
"Para terminar de una vez con el juicio de Dios"
pertenecían a ese gran público
peluqueros,
planchadoras,
vendedores de cigarril1os,
ferreteros, ebanistas, obreros gráficos,
en resumen gente que se gana la vida con el sudor de
su frente,
y no capitalistas de estiércol enriquecidos en se-
creto
que van los domingos a misa y de-
sean por encima de todo el respeto de los ritos y de
la ley.
Mi emisión los hubiera aterrorizado a ellos
y a algunos rufianes de la Butte prematuramente
enriquecidos que tienen ese miedo nauseabundo
de las palabras.
Como sea
hay que considerar como pecado y crimen el
haber querido prohibirle expresarse a una voz humana
que se dirigía por primera vez en estos tiempos
a lo mejor del hombre
2º Los libros, los textos, las revistas son
tumbas, Sr. René Guilly, tumbas como para
vomitar.
No viviremos eternamente
rodeados de muertos
y de muerte.
Si todavía quedan prejuicios
hay que destruirlos
el deber
digo bien
EL DEBER
del escritor, del poeta no es ir a ence-
rrarse cobardemente en un texto, un libro, una
revista de los que ya no saldrá nunca
más
sino al contrario salir afuera
para sacudir
para atacar.
al espíritu público
si no
¿para qué sirve?
y ¿para qué nació?
3º Sea como sea
no soy director de coros
nunca supe cantar,
y menos aún
hacer cantar.
En esta radiodifusión sólo in-
tenté
yo que nunca toqué un instrumento en mi
vida,
algunas xilofonías vocales
sobre xilófono instrumental
y logramos el efecto.
Quiero decir que esta emisión era la
búsqueda de un lenguaje que pudiera com-
prender cualquier peón o carbonero
lenguaje que anunciaba por medio de la emisión cor-
poral las verdades metafísicas más ele-
vadas.
Usted también lo reconoció y por esa razón
prohibirla constituye una abyección y una infamia.
Esto era lo que quería decide, Sr. René
Guilly.

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.carta abierta al Rerevendo Padre Laval.

Señor,

Está muy bien que
reconozca el derecho a la expresión total
e integral de mi indivídualidad por muy singular
que sea
y
por muy heterogénea que pueda aparecer.
Pero hay algo que usted no di-
ce
y que constituye una reserva de fondo con
respecto a ese derecho a la expresión: usted mismo estaba
y está
ligado por 2 ritos
CAPITALES
cuando pronunció esas, palabras,
estaba en realidad
ligado por 2 ritos
que con su propio consentimiento
le paralizaban las manos,
usted como todo sacerdote
estaba
y está ligado
por los 2 ritos
de la consagración
y de la elevación
de la misa,
usted como todo sacerdote católico
había celebrado su misa esa misma mañana,
y en la cere-
monia llamada misa entran
en primer plano
esos 2 ritos de ligadura
que para mí
tienen el valor de un verdadero
maleficio.
La consagración
y
la elevación
son
maleficios de
un orden especial
pero
mayor
que capitaliza si puedo decirlo
la vida
que drena todas las fuerzas espirituales en
una dirección tal que todo lo que es cuerpo
se
reduce a nada
y sólo queda una cierta
vida psíquica
totalmente liberada
pero tan libre
que todos los fantasmas
del espíritu
del puro espíritu
pueden desatarse y allí
tiene lugar la siniestra y torrencial expansión
de la vida diluviana
de los bichos obsesivos
que es contra lo que
luchamos
porque la infame vida sexual está detrás de las
libres expansiones del espíritu
y porque
eso es lo
que la consagración y la elevación
de la misa
han
sin decirlo
liberado.
Hay una nauseabunda
coagulación de la vida
infecciosa del ser
que el cuerpo puro
rechaza
pero que
el puro espíritu
admite
y la misa lo
arrastra a eso
por medio de sus ritos.
Esta coagulación mantiene la vida
actual del mundo
en los bajos fondos espirituales
donde no deja de zambullirse.
Pero la conciencia general
no comprenderá nunca,
por qué un cuerpo macerado y pisoteado
triturado y compilado
por el sufrimiento y los dolores de la cruci-
fixión .
-como el cuerpo siempre vivo del Gólgota--
será superior a un espíritu
que se entrega a todos los fantasmas de la vida interior
que sólo es la levadura y el grano
de todas las fantasmagóricas bestializa-
ciones pestilentes.

NOTA

*

No hay nada que abomine
y execre tanto como esa idea de espectáculo
de representación
por lo tanto de virtualidad, de no realidad,
ligada a todo lo que se produce y se
muestra,
idea que, por ejemplo, salvó a la misa y le
permitió ser aprobada por manadas innumerables
de seres que si no, no la hubieran admitido,
esta idea de que la misa sólo es un espectáculo,
una representación virtual que no existe y
no sirve
tiene su contrapartida,
la misa, bajo su apariencia virtual y
teatral,
es, por el contrario, un espectáculo que sirve,
(la misa contiene una de las formas de acción
real más eficaces de la vida, pero la gente no
lo sabe, no sabe que esa forma de acción
es tenebrosa, erótica y sombría,
pues se habla de misa negra, pero el
principio y la razón de la misa es
ser negra
no hay misa blanca
cada misa que se reza es un acto sexual más
en la naturaleza liberada).
y ahora, vuelvo a la idea de que toda
esta emisión sólo fue hecha para protestar
contra ese supuesto principio de virtualidad,

de no realidad,
en resumen, de espectáculo
indefectiblemente ligado a todo lo que
se muestra, como si en realidad se quisiera socia-
lizar y paralizar al mismo tiempo a los monstruos,
introducir por medio de la escena, de la pantalla
o del micrófono, posibilidades de deflagración
explosiva demasiado peligrosas para la vida,
peligrosas para toda la vida,
y que así las desvían de la vida.
El inconsciente actual no da más,
la gente está harta de cargar con
algo que acumula y aplasta
sin cesar,
porque se le prohibió hacerlo, manifestar-
lo y mostrarlo.
y la policía de los iniciados, que sin que se
sepa, conducen desde siempre la vida a su
ruina, pero que tienen la pretensión de conducirla
solos, tiene órdenes de desviar hacia el
teatro, el cine, el micrófono,
y la misa,
algo que yo estuve internado 9 años
por haber querido decir y que diré.
Diré ese algo que causa las epidemias, el hambre,
las pestes, la guerra, etc...

CONCLUSIÓN

:::::


Estos pies
estos vientres
estas espaldas
estas manos
estos codos
estas rótulas
estos dientes
que hacen
boua
e
boua
bouaIa
bomaca
bourtra
y que chupan bichos del aire
que liberan en el aire a esos bichos
que algunos ven y otros no
y esos bichos que hacen caca allá y allá
todo eso es dios
y qué piensas de dios después de esto

pienso que no entiendo
-
-pues bien no vemos a esos bichos,
son los microbios de la danza de los muertos
a la que se entregan desde los siglos de los siglos
las razas de las razas
en las laderas del Himalaya,
de los Cárpatos, de los Apeninos y del Cáucaso,

estos bichos que salen de los pies, de las espaldas,
del bazo, del hígado
en esas danzas de cerdos salaces
a las que las razas no renuncian
y crecen allá y allá
Y eso crea una tierra que zapatea
- - que zapatea
- - si que bulle
que hierve
y fecunda los miembros muertos
los fecunda de cosas enfermas

y también los órganos nadie comprendió
nunca

para qué servían

- - - entonze pensé en un teatro de la
crueldad que baile y que grite
para abortar órganos
y barrer con todos los microbios.
y en la anatomía sin grietas del hombre
donde se abortó todo lo que está cuarteado
hacer reinar la salud sin dios.

- - - eto zon cuentos a primera vista
es una utopía
pero empieza a bailar pedazo de
mono
pedazo de sucio macaco europeo
que no aprendió nunca a levantar el pie.

(Aquí el otro hombre grita y protesta
y la emisión termina después de esto.)

CONCLUSION

..........


-Señor Artaud, ¿para qué le sirvió esta
radiodifusión?
-En principio para denunciar cierto número
de porquerías sociales oficialmente consagradas y
reconocidas:
1º la expulsión del esperma infantil,
cedido benévolamente por niños, con vistas
a una fecundación artificial de fetos que aún
no han nacido
y que verán la luz dentro de un siglo o más.

2º para denunciar en ese mismo pueblo
americano que ocupa toda la superficie del
antiguo continente Indio, una resurrección del
imperialismo guerrero de la antigua América
que hizo que el pueblo indígena anterior a Colón
fuera vilipendiado por toda la humanidad precedente.
-Señor Artaud, usted está diciendo cosas
muy insólitas.

-Sí, digo algo insólito, digo
que los Indios anteriores a Colón eran,
contra todo lo que se pueda creer, un
pueblo extrañamente civilizado,
que conoció una forma de civilización
basada en el principio exclusivo de
la crueldad.

¿Sabe usted qué es con exactitud la crueldad?

-De ese modo no, no lo sé.

-La crueldad consiste en extirpar por la
sangre y hasta la sangre a dios, al azar
bestial de la inconsciente animalidad humana
en cualquier parte donde se lo pueda encontrar.

El hombre, cuando no se lo reprime, es un
animal erótico,
lleva adentro un temblor inspirado,
una especie de pulsación
productora de bichos innumerables que
constituyen la forma que los antiguos pueblos
terrestres atribuían universalmente
a dios.
Ello representaba lo que se denomina un espíritu.
Ese espíritu procedente de los indios de América
prevalece, en la actualidad, bajo aspectos
científicos que revelan una infecciosa
influencia mórbida, un estado acusado
de vicio, pero de un vicio que abunda en enfer-
medades
porque, pueden reírse todo lo que quieran,
lo que se dio en llamar microbios
es dios
¿saben ustedes con qué hacen sus átomos los
rusos y los americanos?
los hacen con los microbios de dios.

-Usted delira, señor Artaud.
usted está loco.

-No deliro,
no estoy loco.
Afirmo que se reinventaron los microbios
para imponer una nueva idea de dios,
encontraron un nuevo recurso para destacar
a dios y atraparlo justo en su
nocividad microbiana:
se trata de clavarlo en el coraz6n, donde
los hombres más lo aman, bajo la forma de la
sexualidad enfermiza,
en esa siniestra apariencia de crueldad mór-
bida que reviste cuando, como ahora, se
complace en convulsionar y enloquecer a
la humanidad.
Utiliza el espíritu de pureza de una conciencia,
que permaneció cándida como la mía para
asfixiarla con todas las falsas apariencias
que derrama universalmente en los espacios,
de esta manera Artaud el momo puede represen-
tar el papel de alucinado.

-¿Qué quiere decir, señor Artaud?

-Quiero decir que encontré la forma de
terminar de una vez por todas con ese
impostor y también que si nadie cree ya en dios
todo el mundo cree cada vez más en el hombre.
Ahora es preciso castrar al
hombre.

-¿Qué? ¿Cómo?

Lo mire por donde lo mire, usted está
loco, loco de remate.

-Llevándolo por última vez
a la mesa de autopsias para
rehacerle su anatomía.
El hombre está enfermo porque está mal
construido.
Átenme si quieren,
pero tenemos que desnudar al hombre
para rasparle ese microbio que lo pica
mortalmente

dios
y con dios
sus órganos
porque no hay nada más inútil que un órgano.

Cuando ustedes le hayan hecho un cuerpo sin
órganos lo habrán liberado de todos sus auto-
matismos y lo habrán devuelto a
su verdadera libertad.

Entonces podrán enseñarle a danzar al revés
como en el delirio de los bailes populares
y ese revés será
su verdadero lugar.

EL PROBLEMA QUE SE PLANTEA ES QUE . . .

---


Es grave advertir
que después del orden
de este mundo
hay otro orden.

¿Cuál es?

No lo sabemos.

El número y el orden de las suposiciones posibles
en ese ámbito
es justamente
¡el infinito!

¿Y qué es el infinito?

No lo sabemos con precisión.

Es una palabra
de la que nos servimos para indicar
la apertura
de nuestra conciencia
a la posibilidad
desmesurada
inagotable y desmesurada.

¿Y qué es la conciencia?

No lo sabemos con certeza.

Es la nada.

Una nada
de la que nos servimos
para indicar
cuando no sabemos algo,
con respecto a qué
no lo sabemos
y entonces
decimos
conciencia
en cuanto a la conciencia
pero hay muchos otros aspectos.

¿Y entonces?

Parecería que la conciencia está ligada en
nosotros
al deseo sexual
y al hambre;

pero podría
muy bien
no estar ligada
a ellos.

Se dice,
se puede decir,
hay quienes dicen
que la conciencia
es un apetito,
el apetito de vivir;

inmediatamente
al lado del apetito de vivir

aparece en el espíritu
el apetito del alimento

como si no hubiera personas que comen
sin ninguna clase de apetito
y que tienen hambre.

Porque también
existen
quienes tienen hambre
sin apetito;

¿Y entonces?

Entonces

un día
el espacio de la posibilidad
se me presentó
como si me hubiera tirado
un gran pedo;
pero no sabía con exactitud que eran
ni el espacio,
ni la posibilidad,

y no experimentaba la necesidad de pensado;

eran palabras
inventadas para definir cosas
que existían
o no existían
frente a
la urgencia apremiante
de una necesidad:
suprimir la idea,
la idea y su mito
y hacer reinar en su lugar
la manifestación tonante

de esa explosiva necesidad:
dilatar el cuerpo de mi noche interna,

de la nada interna
de mi yo
que es noche
nada,
irreflexión,

y que, sin embargo, es una afirmación explosiva:
hay que dejarle lugar
a algo,

a mi cuerpo.

Pero,
¿reducir mi cuerpo
a ese gas hediondo?
¿Decir que tengo un cuerpo
porque tengo un gas hediondo
que se forma dentro mío?

No lo sé
sin embargo
sé que

el espacio,
el tiempo,
la dimensión,
el devenir,
el futuro,
el porvenir,
el ser,
el no ser,
el yo,
el no yo,

no son nada para mí;

en cambio hay una cosa
que significa algo,
una sola cosa
que debe significar algo,
y que siento
porque quiere
SALIR:
la presencia
de mi dolor
de cuerpo,

la presencia
amenazadora
infatigable
de mi cuerpo;

aunque me acucien con preguntas,
y yo niegue todas las preguntas,
hay un punto
en el que me veo forzado
a decir no,

NO
a la negación;
y llego a ese punto
cuando me acosan,

me abruman,
me cuestionan
hasta que se aleja
de mí
el alimento
mi alimento
y su leche,

y ¿cuál es el resultado?

Que me ahogo;

no se si es una acción
pero al acosarme así con preguntas
hasta la ausencia
y la nada
de la pregunta,
me atormentaron
y sofocaron
en mí
fa idea de cuerpo
y de ser un cuerpo,

entonces sentí lo obsceno

y me tiré un pedo
arbitrario
de vicio
y en rebeldía
por mi asfixia.

Porque hostigaban
hasta mi cuerpo
hasta el cuerpo

y en ese momento
hice estallar todo
porque a mi cuerpo
nadie lo manosea.

LA BÚSQUEDA DE LA FECALIDAD

:::


Allí donde huele a mierda
huele a ser.
El hombre hubiera podido muy bien no cagar,
no abrir el bolsillo anal,
pero eligió cagar
como hubiera elegido vivir
en vez de aceptar vivir muerto.

Para no hacer caca,
tendría que haber consentido
no ser,
sin embargo, no se decidió a perder
el ser,
es decir, a morir viviendo.

Hay en la existencia
algo particularmente tentador
para el hombre
y ese algo es
LA CACA
(aquí, rugido)
Para existir basta con dejarse ser,
pero para vivir
hay que ser alguien,
hay que tener un HUESO,
hay que atreverse a mostrar el hueso
y a olvidar el alimento.

El hombre prefirió más la carne

que la tierra de los huesos.
Como no había más que tierra y bosque
de huesos
tuvo que ganarse su alimento,
no había mierda
sólo hierro y fuego,
y el hombre tuvo miedo de perder la mierda
o más bien deseó la mierda
y para eso, sacrificó la sangre.
Para tener mierda,
es decir carne,
donde sólo había sangre
y chatarra de osamentas,
donde no tenía nada que ganar
y sí algo que perder: la vida.

o reche modo
to edire
de za
tau dari
do padera coco

Entonces, el hombre se replegó y huyó.

Lo devoraron los gusanos.

No fue una violación,
Se prestó a la obscena comida.
Le encontró sabor,
aprendió por sí mismo
a hacerse el tonto
y a comer carroña
delicadamente.

Pero, ¿de dónde procede, esa despreciable abyección?

De que el mundo no está ordenado todavía,
o de que el hombre sólo tiene una pequeña idea
del mundo

y quiere conservarla eternamente.

Proviene de que, un buen día,
el hombre
detuvo
la idea del mundo.

Se le ofrecían dos caminos:
el infinito exterior,
el ínfimo interior.
y eligió el ínfimo interior,
donde sólo hay que estrujar el bazo
la lengua
el ano
o el glande.

Y dios, dios mismo aceleró el
movimiento.

Dios ¿es un ser?
Si lo es, es la mierda.
Si no lo es
no existe.
O bien sólo existe
como el vacío que avanza con todas
sus formas
y cuya representación más perfecta
es la marcha de un grupo incalculable de
ladillas.

¿Está usted loco, señor Artaud, y la misa?"

Reniego del bautismo y de la misa.
No hay acto humano
que, en el plano erótico interno,
sea más pernicioso que el descenso
del supuesto Jesucristo

a los altares.
No me creerán
y desde aquí veo cómo el público se encoge de hombros
pero el llamado Cristo es quien
frente a la ladilla-dios
aceptó vivir sin cuerpo
mientras un ejército de hombres,
descendiendo de la cruz
a la que dios creía haberlos clavado desde hacía mucho,
se rebeló
y ahora esos hombres
armados con hierro,
sangre,
fuego y osamentas
avanzan, denostando al Invisible
para terminar de una vez con el JUICIO DE DIOS.